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Bien bajar expectativas; mal buscar chivos expiatorios

Juegos de poder…

LEO ZUCKERMANN

….AMLO tiene márgenes de error muy estrechos. Cualquier equivocación podría desencadenar una reacción adversa de los mercados. En este sentido, hace bien en bajar las expectativas, con todo y sus hipérboles características.

López Obrador ganó la elección presidencial aprovechando la ilusión de los mexicanos de que sí se podía cambiar la realidad. Hoy, las expectativas son altísimas de lo que hará el próximo gobierno. Sin embargo, AMLO no tendrá dinero suficiente para cumplir muchas de sus promesas. La triste realidad es que heredará una hacienda pública con pocos márgenes de acción. Es por eso que, ahora que está de nuevo en campaña, está bajando las expectativas. Hace bien porque, efectivamente, México no va a cambiar de la noche a la mañana a partir del primero de diciembre.

El domingo, en Tepic, AMLO dijo que su gobierno va a “invertir y a gastar sólo lo que ingrese a la hacienda pública, no vamos a caer en lo que se llama, técnicamente, déficit. No vamos nosotros a actuar de manera irresponsable, endeudando a México”. También reiteró la promesa de no “aumentar los impuestos en términos reales ni van a haber impuestos nuevos”. Es la promesa más importante del próximo gobierno para salvaguardar la estabilidad macroeconómica del país.

Si no habrá nuevos impuestos ni deuda, pues AMLO, de manera realista, está advirtiendo que no van a poder cumplir “todo lo que se está demandando”, aunque sí “todos los ofrecimientos en campaña”. En este sentido, será importante ver el Paquete Económico del gobierno para 2019: Si reasignan el gasto público para encontrar el dinero suficiente a fin de fondear dos programas sociales prioritarios, tres grandes proyectos de inversión pública (corredor del Istmo de Tehuantepec, una nueva refinería en Tabasco y el Tren Maya) y una disminución del IVA e ISR en la franja fronteriza con Estados Unidos. Todo eso sin incrementar impuestos y deuda. Vamos a ver, pero, por lo pronto, la señal sigue siendo positiva.

Ahora bien, típico del tabasqueño, adereza su discurso con hipérboles. AMLO afirmó que “el país lleva 30 años en bancarrota, lo que pasa es que la noticia ha pasado de noche, pero imagínense cómo está el sector energético. Ojalá se hiciera un balance, porque estamos produciendo petróleo como hace 40 años. En pobreza hay muchos más pobres ahora que antes, en inseguridad, peor aún: 80 homicidios diarios”. No, la noticia no ha pasado de noche. Está a flor de piel. Por eso ganó la elección. México tiene grandes problemas. El crecimiento económico ha sido bajo, alrededor de 2% en promedio anual. El gobierno de Peña endeudó al país de manera exorbitante, malgastando el dinero en fruslerías y corrupción. El principal yacimiento petrolero (Cantarell) se agotó. La inseguridad está en su peor momento de los últimos 21 años. Pero, hombre, no exageremos: Nuestro país no está quebrado. Bancarrota la de Venezuela y Argentina. Quizá la de Turquía.

El reto de AMLO es, precisamente, no terminar así. En el contexto económico actual, donde las tasas de interés en Estados Unidos están subiendo, el próximo gobierno debe ser muy responsable para que los múltiples problemas económicos no desencadenen una nueva crisis como las de los ochenta y noventa. AMLO tiene márgenes de error muy estrechos. Cualquier equivocación podría desencadenar una reacción adversa de los mercados. En este sentido, hace bien en bajar las expectativas, con todo y sus hipérboles características.

Lo que sí preocupa es la mención de posibles chivos expiatorios. En Tepic volvió a reiterar que respetará “la autonomía del Banco de México para que haya equilibrios macroeconómicos, que no haya inflación”. Otra buena señal. Sin embargo, señaló que, de darse un fenómeno inflacionario, no será “por culpa del Presidente de la República, sino por circunstancias externas o por mal manejo de las políticas financieras que haga el Banco de México”.

No sé a qué se refiera con “circunstancias externas”. Ahí caben muchas cosas. Lo que sé es que, de respetar la autonomía del Banco de México, esta institución hará lo que hace muy bien, es decir, subir o bajar las tasas de interés para mantener la inflación controlada. En este sentido, llama la atención que el Presidente electo esté buscando, desde ahora, posibles chivos expiatorios en caso de no poder cumplir sus promesas de tener un mayor crecimiento económico, mejor distribución del ingreso, todo eso sin nuevos impuestos ni deuda, y con inflación controlada.

¿Para qué, desde ahora, señalar a Banxico? ¿Por qué la amenaza velada? ¿Qué pretende AMLO con el banco central? ¿De verdad respetará su autonomía? Ya lo veremos en diciembre cuando anuncie a su candidato a sustituir al subgobernador Manuel Ramos Francia que se retira este año.

Twitter: @leozuckermann

Excélsior.