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Reelección, el fantasma

Nudo gordiano

YURIRIA SIERRA

… La revocación de mandato se materializará por primera vez en dos años.

Días juaristas. Serán acaso de las semanas favoritas de Andrés Manuel López Obrador. Ésta, la primera que vive como presidente de México. Ayer celebró la expropiación petrolera, la fecha insigne de Lázaro Cárdenas. Y lo celebró con el anuncio de la licitación de la refinería en Dos Bocas, Tabasco. Al final de la semana tocará el turno de conmemorar a Benito Juárez. El natalicio de uno de sus personajes históricos favoritos. A quien atañe la segunda transformación de nuestro país.

Y vaya coyuntura en la que decidió callar los rumores, acabar con las dudas, sobre sus posibles intenciones de reelección. Porque en días previos pasó su iniciativa para la revocación del mandato; y aunque morenistas celebran, opositores se alarman. ¿Hay ahí una trampa que asome potencial de reelección? ¿López Obrador es un personaje capaz de generar alcances bolivarianos al estilo Chávez o Maduro?

Aunque políticamente México es un terreno mucho menos fértil para un régimen como el de Venezuela (nuestra cercanía —más allá de lo territorial— con EU y todo lo que depende de ella, por mencionar algunos obstáculos), lo aprobado en el legislativo garantiza que su nombre esté en la boleta de 2021, abre la puerta a suspicacias, con todo y que quiera vender la figura de revocación como un instrumento más dentro de la democracia participativa que busca instaurar.

La revocación de mandato se materializará por primera vez en dos años, cuando en la intermedia los electores decidan si se queda o se va. Nada de extraño tendría, a no ser que el fundamento de esta idea sea la engañosa frase: “El pueblo pone, el pueblo quita…”. Más aún, cuando a las dudas sobre sus posibles planes de reelegirse le siguió el anuncio de un compromiso para no hacerlo, mismo que fue pospuesto para hoy, pues olvidó que este lunes era una de esas fechas que, creímos, recordaría, e hizo a un lado la firma del garante antireelección. Ya veremos hoy la redacción del documento y sus múltiples lecturas.

Sin embargo, qué valor tendría un documento firmado si, como escribe Cecilia Soto, AMLO ya no se pertenece: “Lo que se construye mediante la entrega directa de recursos a millones de mexicanos, el ahorcamiento de los presupuestos de los gobiernos estatales, las intentonas centralistas con los superdelegados, etcétera, coincide en un solo mensaje: Andrés Manuel López Obrador es el nuevo Tata, el padre de la patria imprescindible y, sobre todo, insustituible. Él no quiere ahora reelegirse, pero el pueblo se lo pedirá: ¿cómo resistirse, cómo decirle que no si él ya no se pertenece, si ya es uno con la voluntad del pueblo, si ya ha jurado obedecer la voluntad del pueblo?”, reflexionó ayer en su espacio en este diario.

Qué garantías dará, como pregunta Soto, de que esto no cambiará, si hoy se ostenta como el Presidente con más alta aceptación. Qué podría hacerlo cambiar de opinión, ¿que la gente le pida que no se vaya? ¿El capricho de uno al amparo de “los deseos del pueblo” valen una batalla contra la propia Constitución?

Más allá de un compromiso firmado, la única manera de garantizar su no reelección será recordándole permanentemente al presidente López Obrador que nunca en la historia de México —ni del mundo—, nadie que haya sucumbido a la tentación de entronizarse en el poder, ha tenido ni lejanamente un lugar halagüeño en el recuerdo de su gente.

Excélsior.