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Javier Corral, historia de un fracaso


Por Carlos Murillo…
Ciudad Juárez.- En la corrida de toros del pasado viernes un aficionado gritó a todo pulmón “¡Javier Corral, eres un pendejo!”; el público aplaudía y reía con tremenda alegría celebrando esta verdad de perogrullo. «Vox Populi, Vox Dei», reza la máxima romana -la voz del pueblo es la voz de Dios-. Pero Corral aprovecha las mentadas de madre y sigue “haciéndose loco” para tragar a puños.
El adalid popular se llevó las palmas y agradecía con sonrisas a los fans, no es para menos, su mensaje sintetiza genialmente la realidad. Su éxito al describir a Javier Corral equivale a ejecutar un pase torero conocido como “porta gayola”, donde el matador recibe de rodillas al toro cuando entra al ruedo y se lo quita rematando con una verónica. Pero todavía falta el resto de la faena.
Las corridas de toros en Chihuahua son el resumen perfecto de estos cinco años de fracasos sistemáticos, donde el guion teatral de Corral se ha seguido a pie juntillas. No hay gloria en la derrota, pero siempre hay negocio. Ser el peor gobernador y el amo del fracaso, es un don divino si se sabe aprovechar para ocultarse detrás de la máscara del payaso bobo.
Esto fue un circo. Las ocurrencias del “Nuevo Amanecer” se han presentado en tres tiempos, la presentación, siempre con la impronta del capricho absurdo; el nudo del conflicto, donde invariablemente se busca un culpable del fracaso; y el desenlace, en el que logra el efecto contrario a lo que quería.
Aprovecharé este ejemplo para describir el desempeño de Javier Corral durante este quinquenio -que afortunadamente concluirá en unas horas más-.
Primero, gobernar con base en caprichos. Javier Corral impuso en la agenda legislativa la prohibición de peleas de gallos y corridas de toros por una obsesión personal, es evidente que no es un asunto prioritario para Chihuahua, entonces ¿por qué tanto interés? La respuesta es fácil, Corral quiso usar a los toros como cortina de humo, para ocultar la baraja de crisis por las que ha pasado el estado, en específico, durante el debate de los toros en la cámara de diputados, Chihuahua tenía dos crisis, la primera por los maestros que no recibían sueldos y la segunda por la falta de medicamentos y la tardanza en los pagos del personal de salud.
Finalmente, Corral no pudo terminar con los toros, ni pudo terminar el hospital oncológico que ya se cae a pedazos en los terrenos del galgódromo. Sus debilidades son evidentes, tiene una incapacidad para administrar que alterna con su problema crónico de ociosidad que lo persigue desde morro.
Pero los caprichos de Javier Corral no son fortuitos. Las obsesiones son la coartada perfecta. ¿Qué hace la gente cuando ve que alguien grita con odio en la plaza? Lo evade. Los discursos de Javier son repelentes a la razón, eso lo ha dejado aislado, pero también en la soledad es cuando mejor resultan los negocios.
Los berrinches de Corral suelen ser de dos tipos, uno pretende satisfacer el ego desmedido, intenta hacer algo para decirse al espejo que es un demócrata, aunque ha quedado demostrado su perfil de falso profeta; el otro tipo, es la rabieta para distraer y llenarse los bolsillos de dinero, las obras que se quedaron a medias del BRT en Juárez, son un ejemplo de lo segundo, no se puede entender de otra forma una obra de más de mil mdp iniciada a unos meses de cerrar la administración.
Javier Corral dijo hace cinco años que le podrían acusar de todo, menos de corrupto, pero en eso también fracasó, el BRT es un monumento a la corrupción más descarada y brutal, para eso se necesita a expertos en el saqueo, por eso le urgía imponer a Sergio Madero y a Gustavo Elizondo en las dos áreas estratégicas (Obras Públicas y el Fideicomiso de Puentes) para la “operación BRT”, sinónimo del “año de hidalgo».
Los fracasos son colosales, principalmente en la terrible crisis de seguridad, en la incontrolable deuda pública que va a heredar, en el déficit de infraestructura que deja en todo el estado, en la pésima administración de la pandemia, la intromisión en el Poder Judicial, la persecución política a través de la Fiscalía, los puentes enanos, el desfalco en comunicación social, el abuso de poder y desvío de recursos con la hermana incómoda, entre cientos de hechos comprobados que son públicos y cínicamente aceptados con el silencio.
Pero el señor está pendejo y es un huevón, por eso pensamos que simplemente se le “chispoteó” como el Chavo del Ocho. Pero no es así, Javier Corral ha confesado sus delitos en sus discursos y eso provoca que saldrá por la puerta de atrás de la gubernatura, sin embargo, no podemos permitir que se vaya sin rendirle cuentas a los chihuahuenses.
El fracaso no sería su culpa y probablemente es el menor de los males, aquí existen delitos que se tienen que perseguir y un saqueo que investigar, si no es así, habrá la peor de las complicidades con este fatal periodo de cinco años en que el fracaso fue catalizador de la corrupción.
Sí está pendejo, pero no por eso no hay que llevarlo ante la ley.