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Revocación: Recuento de fuerzas en Chihuahua

Francisco Ortiz Bello

…. La revocación de mandato del presidente López Obrador, sin duda alguna, pasará a la historia como un ejercicio electoral, de participación ciudadana, atípico, polémico, muy controvertido y quizá hasta ilegal, porque se aplicó en forma retroactiva una ley (aprobada en 2019) para quien rindió la protesta del cargo en diciembre de 2018, es decir, en fecha anterior a la que se aprobó la ley, es decir, violentando el principio de no retroactividad de las leyes.

Todo eso sin contar con la serie de irregularidades denunciadas ante la autoridad electoral, quien señaló haber recibido más de 340 denuncias en contra de diversos actores de Morena, altos funcionarios de la 4T y de la Asociación Civil Que Siga la Democracia, mismas que han llevado al PRD a solicitar la anulación del proceso revocatorio.

Pero más allá de esas consideraciones o incidencias, que seguirán el curso correspondiente, debemos señalar que el ejercicio en sí mismo tiene un valor específico para Morena en Chihuahua, valor que deberán analizar y estudiar concienzudamente a detalle sus actores y liderazgos principales; señalo que deberán ser los actores políticos y liderazgos porque la dirigencia estatal de ese partido en el estado carece por completo de la capacidad, visión y formación para hacer dicho estudio.

En su participación semanal en mi noticiero de 860 Líder Informativo, el pasado miércoles, Roy Campos, presidente y director de Consulta Mitofsky describió el ejercicio como una elección atípica, porque no se trataba de una confrontación de propuestas entre dos o más candidatos, ni la participación de dos o más partidos políticos, no hubo debates ni contraste de promesas de campaña, sin embargo, aceptó, lo organizó el INE, se emitieron votos en urnas, se tomó como base el listado nominal de electores y hubo participación ciudadana. Fue una elección pues, atípica, pero finalmente una elección.

Lo cierto es que, también lo señaló Roy, se debe analizar en ese contexto el resultado final de la revocación de mandato. Un resultado que deja ver una maquinaria electoral de Morena bien aceitada y funcionando correctamente, independientemente de las posibles violaciones a la ley, los operadores de campo de Morena hicieron su trabajo y llevaron a las urnas a poco más de 15 millones de votantes a favor de que el presidente López Obrador continúe en la Presidencia.

Así pues, bajo ese mismo orden de ideas, como en el plano nacional, en Chihuahua los morenos deben leer adecuadamente los resultados obtenidos, porque mientras AMLO refrenda cabalmente su base dura de 15 millones de votos, en la entidad no pudieron refrendar los 450 mil votos obtenidos en 2021 y menos los 630 mil que logró el presidente en 2018. Ese es el quid del asunto.

El rendimiento electoral de los diferentes equipos operativos de Morena en territorio chihuahuense resultó averiado en alguna parte del proceso. Y digo equipos, así en plural, porque es de todos sabido que operan así, como equipos por separado, con cabezas y objetivos distintos, aunque sus camisetas sean del mismo color.

A saber, se identifica el equipo del delegado de Programas Sociales, y representante del presidente en el estado, Juan Carlos Loera de la Rosa, excandidato a la gubernatura y quien opera quizá el más grande y estructurado equipo, por razones obvias. También destaca el equipo del alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, por gobernar el municipio de mayor importancia en el estado, tanto por población, actividad económica, listado nominal y otros rubros.

En tercer lugar, por ser el equipo más desorganizado y peor estructurado, aparece el del dirigente estatal el profesor Martín Chaparro, quien por cierto ya se eternizó en el cargo con más de cuatro años en el mismo, pero además sin cumplir con su función natural de amalgamar los diversos liderazgos de ese instituto, de ser puente de consenso y acuerdos, sino más bien como factor de desunión y hasta de intrigas al interior del mismo. No obstante, tener en su poder la dirigencia estatal, le da para ser cabeza de grupo, el más pequeño y menos influyente, pero grupo al fin.

Analicemos pues, por grupos, los resultados obtenidos en la revocación de mandato en comparación con los resultados de 2021 y 2018, para obtener índices reales y no meras especulaciones.

La campaña paraguas de 2021 fue la de gobernador del estado, sin duda alguna, y, en ese sentido, Loera fue quien marcó la pauta a través de su equipo de campaña, aunque tuvo fuego amigo (principalmente encabezado por Chaparro) más los propios yerros cometidos como candidato, impidieron que alcanzara el triunfo, sin embargo, obtuvo la votación histórica más ata de Morena en Chihuahua, 450 mil votos.

Esa copiosa votación para un partido de izquierda se vio principalmente alimentada desde Ciudad Juárez, básicamente por tres elementos: la fortaleza y operación política del entonces alcalde Armando Cabada Alvídrez, los triunfos en siete distritos de candidatos impulsados por    Loera y, sin duda, el trabajo proselitista del entonces candidato a la alcaldía Cruz Pérez Cuéllar, elementos que llevaron a Loera a obtener poco más de 222 mil votos en esta frontera contra 150 mil de Maru Campos.

En la capital del estado, donde supuestamente debió operar Chaparro, los resultados no le favorecieron a Loera. La candidata panista barrió a los morenistas con 232 mil votos, contra 95 mil a favor de Loera, es decir, casi tres a uno. Era de esperarse un triunfo de la candidata panista, pero no tan avasallador como el que se dio. Fracaso total de Martín Chaparro, porque los votos obtenidos se atribuyen en su totalidad a la campaña del candidato por la alcaldía de la capital, Marco Adán Quezada, quien no contó con el apoyo de Chaparro.

En la revocación de mandato del pasado domingo, el presidente obtuvo apenas 60 mil votos en la capital del estado, que significó apenas el 19 por ciento de la votación total en el estado a favor de AMLO. En 2018, la votación favorable a Morena en la capital significó el 25 por ciento.

Aún así, el profesor Chaparro en declaraciones a medios se atreve a afirmar que “el sexto está cambiando hacia la izquierda”, en alusión a los resultados obtenidos en el sexto distrito tradicionalmente azul. Vaya insensatez del dirigente estatal moreno. De procesos electorales y sus análisis obligados lo desconoce todo.

En cambio, en 2021, en Juárez, los 222 mil votos obtenidos por Morena a la gubernatura, significaron el 51 por ciento de la votación para esta ciudad, en tanto que, durante la revocación de mandato del domingo pasado, los 162 mil votos obtenidos en esta frontera a favor del presidente, representan el 52.8 por ciento de la votación total en Juárez. Mientras en Juárez la votación creció, proporcionalmente, en Chihuahua se desplomó.

Este simple análisis numérico, permite arribar a varias conclusiones. Primero, existen fuertes divisiones al interior de Morena, el “fenómeno grupero” y la canibalización de sus tribus está presente y se ha manifestado con mucha claridad en los diversos procesos electorales.

Segundo, en cada proceso electoral la correlación de las diversas fuerzas políticas de Morena ha jugado un papel determinante en el resultado, siempre aminorando el impacto, restando votos en lugar de sumar y, tercero, Juárez es sin duda alguna, hasta hoy, el bastión morenista en el estado lo que no es casualidad, ya que se trata de la ciudad de nacimiento de Loera de la Rosa, y es en donde más ha fortalecido tanto su equipo de trabajo cercano, como los cuadros operativos en las colonias.

Concluyendo, el reciente ejercicio electoral de revocación de mandato ha sido un extraordinario ensayo para Morena, un ensayo de verdad, en el que la movilización de estructuras, sin candidato visible (aunque siempre estuvo en la mente de todos, la figura presidencial), sin propuestas ni contra propuestas, se presentó como un activo importante de cara a las elecciones de 2024.

Una última conclusión. Si Morena no resuelve de tajo el divisionismo interno, el fenómeno grupero y la radicalización de sus tribus (canibalización), en muy poco tiempo se esfumará la fortaleza electoral que ha conseguido en los recientes procesos. Es necesario, indispensable, que alcancen los puntos de acuerdo entre los diferentes liderazgos para consolidar el voto donde ya lo tienen y obtenerlo donde aún no llegan.