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El reto de Morena

Juan Carlos Loera de la Rosa

El 10 de abril pasado se realizó la primera consulta para revocar o ratificar el cargo al presidente de la República y sus resultados dieron cuenta de cuál es el piso sobre el que está sentada la simpatía de los mexicanos por Morena, es decir, el voto duro de este Movimiento de Regeneración Nacional: la nada despreciable cifra de 15 millones 159 mil 323 de ciudadanos que, a pesar de todos los obstáculos legales y políticos, salieron a votar a favor de que Andrés Manuel   López Obrador (AMLO) siga al frente del Gobierno de México por lo que resta del sexenio.

La cifra antes citada representa por sí sola lo que ni el PRI ni el PAN pudieron lograr en el 2018, a pesar de que echaron a andar toda la maquinaria oficial sin importarles las restricciones legales.   Por eso hoy solo les queda aliarse, porque en su pragmática contabilidad electoral consideran que el resultado de ir juntos en la boleta electoral, producto de una burda operación aritmética, en automático les puede dar el triunfo.

La pronosticada alianza conservadora para el 2024, autodenominada Va X México, necesitará mucho más que un candidato o candidata capaz de posicionarse en el conocimiento de la ciudadanía, eso es lo más fácil; la dificultad mayor radica en superar el descrédito que se ganaron a pulso durante décadas dedicadas al dispendio, el despojo y a la generación de desigualdad en perjuicio de los más y a favor de los menos.

Además, deberán convencer a millones de mexicanos que el rumbo que ha tomado el país es el equivocado frente a realidades que indican lo contrario, como una política salarial que ha venido reivindicando el ingreso de los trabajadores; una política económica que mantiene firmes las finanzas del país a pesar de múltiples factores externos; la solidez de nuestra moneda que, contrario a lo ocurrido en anteriores administraciones, se ha fortalecido ante el dólar conforme avanza el gobierno lopezobradorista; una inflación por debajo de la que tienen grandes potencias; una política energética que va rumbo a la autosuficiencia y que avanza en el uso de energías limpias y una política de Bienestar que, ahora mismo, garantiza ingresos a más de 20 millones de familias, una tarea que muchos creían casi imposible, pero que hoy es un hecho.

El momentum que vive Morena, a pesar del Instituto Nacional Electoral (INE) y de muchos otros actores y factores que han operado en contra, con once de quince gubernaturas ganadas en 2021 y cuatro de seis en 2022, refrenda el alto nivel de aprobación de nuestro presidente y allana el camino para un triunfo en la próxima elección presidencial de 2024, sobre todo si la debacle de la confusa amalgama integrada por el PRIAN y sus aliados se confirma en el 2023 con los muy posibles triunfos del Movimiento de Regeneración Nacional en las elecciones que se celebrarán en el Estado de México, la entidad más poblada del país, y en Coahuila, ambos actualmente gobernados por el PRI.

Ante ese escenario, sin duda, el gran reto para Morena es lograr la unidad, la cual pudiera verse mermada en momentos coyunturales siempre vinculados a la elección de candidatos o a la de su dirigencia. En las siguientes semanas nuestro partido-movimiento atravesará por una de esas fronteras: la renovación del Congreso y Consejo Nacional, así como de las dirigencias estatales, algunas de ellas acéfalas y otras con dirigentes que llevan casi siete años en el cargo, tal es el caso del comité estatal de Chihuahua.

En octubre de 2012, aún con la resaca causada por la imposición de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República, AMLO convocó, previa consulta, a la fundación de Morena como partido político. Se realizaron asambleas en los 300 distritos federales para elegir a los primeros congresistas nacionales y en muchas de esas asambleas ni siquiera hubo necesidad de votación, la asistencia apenas completaba el quórum y los delegados distritales fueron elegidos por consenso, es decir, en los hechos no hubo disputa interna; lo mismo ocurrió al momento de elegir dirigencias estatales, en Chihuahua el primer presidente del comité estatal, Víctor Quintana Silveyra, fue elegido por aclamación.

Ese mismo año, el 20 de noviembre, se aprobaron los estatutos y programa del partido y se eligió el primer Comité Ejecutivo Nacional, sin acuerdos previos, ni planillas, ni grupos en pugna al interior; fueron asambleas ejemplares, de verdadera unidad en las que personalidades identificadas con las luchas sociales formaron parte de la primera dirigencia nacional, me refiero a compañeros y compañeras como Martí Batres, Bertha Luján, Clara Brugada, Paco Ignacio Taibo II, Pablo Moctezuma, Jesús Ramírez Cuevas, Bernardo Batiz y Francisco Ortiz Pinchetti; pero también algunos con un perfil más ciudadano, como Alfredo Ramírez Bedolla (hoy gobernador de Michoacán) y, por azares del destino, este escribiente, todos guiados por el presidente del Consejo Nacional elegido por unanimidad: Andrés Manuel López Obrador.

Nuestra misión principal fue obtener el registro del partido y elaborar un plan de acción contra las reformas estructurales promovidas por el neoliberalismo. Dimos la batalla sin recursos económicos y en medio de la consolidación del PRIAN a través del mal llamado Pacto por México, cuyos objetivos fueron en perjuicio de todos los mexicanos. Pero entonces se contaba con algo mucho más valioso que el dinero: la mística y el convencimiento de que estábamos en el camino correcto y que los fines de nuestro movimiento significaban quizá la última oportunidad para llevar a cabo la verdadera transformación que nuestro país necesitaba: La esperanza de México.

Morena está a punto de renovar el Congreso Nacional, su máxima autoridad, compuesta por tres mil delegados distritales; se elegirán cinco hombres y cinco mujeres en cada uno de los distritos electorales federales, quienes, al mismo tiempo, serán consejeros estatales y tendrán la responsabilidad de elegir a las dirigencias estatales en cada entidad federativa. Sin embargo, debemos reconocer que las circunstancias no son las mismas que había en ese no tan lejano 2012; hoy Morena es el partido en el poder, gobierna en veintidós estados y tiene amplias posibilidades de sumar otros dos el año entrante; su militancia y simpatizantes se han multiplicado exponencialmente; el partido se abrió a la ciudadanía e, incluso, a actores políticos provenientes de frentes con una ideología contrastante a aquella de los que fundamos el Movimiento.

Es cierto, mantener la unidad es uno de los principales retos de Morena, pero para lograrla, quienes formamos parte de este movimiento debemos mantener la esencia y la mística de aquellos que lucharon en las calles, concientizaron, afiliaron, repartieron el periódico Regeneración, se organizaron en comités de Protagonistas del Cambio Verdadero, acompañaron movimientos sociales justos y protestaron contra el despojo y las privatizaciones. Morena debe mantener esa esencia descrita en su Programa, debe mantenerse como una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda; quienes formamos parte debemos mantener el sentido ético de nuestro movimiento, tarea nada fácil, pero tampoco imposible.

Morena surge para acabar con el sistema de oprobio y sustenta su organización en la participación decidida del Pueblo, convencidos sus militantes y simpatizantes de que la política no es asunto solo de los políticos. El llamado a la renovación de las dirigencias debe ser avalado por la ciudadanía, por eso celebro que se esté convocando a todo el Pueblo de México a participar para elegir a los perfiles que cuenten con la mejor vocación de servicio, aquellos con la ineludible convicción de construir un partido incluyente, plural y fraterno. Esa es la tarea que tenemos de frente y debemos cumplirla a cabalidad para alcanzar la consolidación de nuestro Movimiento, para mantenerlo como la Esperanza de México.

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